La investigación científica ha sido uno de los pilares para comprender y conservar la biodiversidad. Sin embargo, generar conocimiento ya no es suficiente. Frente a los desafíos que enfrenta la Amazonia, es necesario encontrar nuevas formas de comunicar la ciencia, conectar con las personas y traducir el conocimiento en acciones concretas para proteger los ecosistemas.
Con esa premisa, entre el 12 y 17 de julio de 2026, se llevó a cabo el curso «Amazonía: diseño y storytelling para la conservación», una experiencia inmersiva realizada en el Centro de Conservación Amazónico de la Fundación Omacha, en Puerto Nariño (Amazonas), que reunió participantes de diferentes países, investigadores, diseñadores, comunicadores, artistas y representantes de comunidades indígenas para explorar nuevas formas de comunicar la ciencia e inspirar acciones en favor de la biodiversidad amazónica.
Más que un curso
Esta tercera edición del curso fue una iniciativa que ha ido transformándose cada año para responder a los desafíos actuales de la conservación.
Aunque cada versión incorpora nuevas temáticas, el objetivo ha permanecido intacto: construir un espacio interdisciplinario donde la ciencia dialogue con el conocimiento tradicional, el diseño, la comunicación y el arte para generar soluciones innovadoras frente a los desafíos de conservación que enfrenta la Amazonia.

Participantes del curso Amazonía: diseño y storytelling para la conservación. Foto: Alejandro Calderón.
En esta oportunidad, el diseño ocupó un papel central como herramienta para imaginar nuevas formas de coexistencia entre las personas y la naturaleza.
Aprender desde el territorio
Durante seis días, los participantes tuvieron clases, recorridos de campo y talleres prácticos con experiencias en el territorio amazónico. Conocieron proyectos de restauración ecológica, monitoreo comunitario, bienestar animal, turismo de naturaleza, conservación de fauna silvestre y diseño para la conservación, mientras trabajaban junto a investigadores, líderes comunitarios y organizaciones locales.
El programa también incluyó visitas a la Reserva Wochine, el Centro de Interpretación Natütama, la comunidad indígena de San Antonio (Perú), jornadas de restauración de bosques inundables, talleres de artes de pesca tradicionales y meliponicultura, así como sesiones de trabajo donde los participantes desarrollaron soluciones creativas frente a retos reales de conservación.
Un diálogo entre saberes
Uno de los aspectos más valiosos del encuentro fue el intercambio permanente entre investigadores, diseñadores, comunidades indígenas y organizaciones de conservación. Más que un espacio de enseñanza, el curso buscó construir un diálogo donde el conocimiento científico y los saberes tradicionales tuvieran el mismo protagonismo.
Fernando Trujillo, director científico de la Fundación Omacha, destacó que este proceso refleja la evolución del trabajo que la organización ha construido durante décadas en la Amazonia.
«La relevancia de este curso es que ayuda a consolidar muchos años de trabajo en el territorio, donde hoy vemos un nivel de madurez en la relación entre las instituciones y las comunidades locales. Estamos pasando de la teoría a la acción y fortaleciendo la formación de líderes indígenas para que sean ellos quienes lideren procesos tan valiosos como el monitoreo de la biodiversidad y la preservación de sus conocimientos y su cultura.» declaró Trujillo.
Del diseño a la acción
Una de las grandes novedades de esta edición fue la incorporación del diseño como herramienta para la conservación. A lo largo de la semana, los participantes trabajaron en equipos interdisciplinarios para desarrollar prototipos orientados al bienestar animal, integrando principios de comportamiento, diseño, creatividad y comunicación.
Estos prototipos no permanecieron únicamente en el aula. Fueron llevados a la Fundación Bioparque IKOZOA, donde los equipos tuvieron la oportunidad de ponerlos a prueba con diferentes especies (jaguar, coatí, taira y ocelote) bajo el acompañamiento del personal técnico del bioparque. Este ejercicio permitió evaluar su funcionamiento, observar la respuesta de los animales y comprender cómo el diseño puede convertirse en una herramienta práctica para mejorar el bienestar animal y fortalecer los procesos de educación para la conservación.
Para Daniel Alonso, director de la Fundación Bioparque IKOZOA, esta experiencia demostró el potencial de las alianzas interdisciplinarias.

Ocelote (Leopardus pardalis). Foto: Fernando Trujillo, director científico de la Fundación Omacha.
«Para IKOZOA fue muy valioso que el bioparque se convirtiera en un laboratorio vivo donde el diseño y la conservación pudieron encontrarse. Los prototipos desarrollados por los participantes nos permitieron explorar nuevas formas de enriquecimiento ambiental y demostrar que el bienestar animal también puede fortalecerse a través de procesos creativos e interdisciplinarios.» afirmó Alonso.
Un trenzado entre investigación y creación
La incorporación del colectivo chileno Cuerpos Animales permitió ampliar la mirada sobre el papel del diseño en la conservación, proponiendo metodologías donde el proceso creativo también se convierte en una forma de investigación.
Para Pablo Hermansen, diseñador y director de Cuerpos Animales, esta edición representó un paso importante en la consolidación de ese enfoque.
«Este año logramos llevar el diseño a una relación mucho más directa con los animales mediante el desarrollo de prototipos que materializan nuevas formas de pensar la conservación. Más allá de los resultados, lo más valioso fue construir un verdadero trenzado entre investigación, creación y conocimientos locales. Las salidas de campo y el protagonismo de las comunidades enriquecieron profundamente el proceso y demostraron el enorme potencial que tiene esta metodología para construir relaciones de coexistencia entre las personas y el entorno.» expresó Hermansen.
Una comunidad que sigue creciendo
Más allá de los conocimientos adquiridos, uno de los mayores logros del curso ha sido la consolidación de una comunidad de aprendizaje que continúa creciendo edición tras edición.
Cristian Von Reitze, CEO and Vice President of conservation engagement de Foundation International Aid to Animals (FIAA), resaltó que el impacto del programa ya comienza a reflejarse en quienes han participado desde sus primeras versiones.
«Esta tercera edición del curso nos deja una enseñanza muy valiosa. No solo nos permite profundizar en el conocimiento sobre el estado de conservación de la Amazonia, sino también fortalecer el trabajo junto a las comunidades locales y reconocer el papel fundamental que desempeñan en la protección de su territorio…
Ha sido muy gratificante ver la evolución de quienes participaron en las primeras ediciones. Muchos llegaron como estudiantes y hoy regresan como profesores del curso y líderes de procesos de conservación en sus comunidades, contribuyendo a preservar los conocimientos culturales y fortalecer la relación entre las personas y el medio ambiente. Ese es, quizás, uno de los mayores logros de esta iniciativa. Para FIAA y Fundación Omacha, la incorporación de aliados como IKOZOA y Cuerpos Animales representó un paso muy importante. Confirmó que la conservación necesita del trabajo conjunto entre disciplinas, organizaciones y comunidades. Queremos seguir fortaleciendo esta red de colaboración porque estamos convencidos de que el futuro de la Amazonia se construye entre todos y para todos.» destacó Von Reitze.
Fotos: María Jimena Valderrama, Fernando Trujillo (Fundación Omacha); y Alejandro Calderón.
Conservación para el futuro
Con tres ediciones realizadas, el curso «Amazonía: diseño y storytelling para la conservación» continúa consolidándose como un espacio donde la ciencia, el diseño, la comunicación y el conocimiento tradicional convergen para formar una nueva generación de profesionales y líderes comprometidos con la Amazonia.
En un momento en el que este ecosistema enfrenta desafíos cada vez mayores, la experiencia demuestra que la conservación no depende únicamente de producir más conocimiento científico. También requiere construir puentes entre disciplinas, fortalecer el liderazgo local, generar redes de colaboración y contar historias capaces de movilizar a las personas.
Porque conservar la Amazonia no es solo una tarea de científicos o comunidades; es un desafío colectivo que solo será posible si logramos construir soluciones con todos y para todos.










