En el reino animal, las aves constituyen uno de los grupos que ha logrado colonizar gran parte del planeta Tierra. Actualmente, se calculan entre 9.800 y 10.000 especies distribuidas en todos los continentes, las cuales cumplen su ciclo de vida en diferentes hábitats siendo una parte importante del flujo de energía dentro de estos. Por ejemplo, las aves marinas, que dependen en gran medida del mar, aportan a los ciclos de los ecosistemas marinos a través de la alimentación, los desechos e incluso su muerte.

Uno de los comportamientos instintivos de las aves que más ha generado admiración, en el ser humano, es el de la migración: desplazamientos directos a través de prolongados y extenuantes vuelos cuya duración (de varios días, semanas o meses) y distancia recorrida son muy superiores a los movimientos rutinarios de cada especie. Además, durante este periodo, modifican comportamientos habituales de alimentación, vuelo, descanso, entre otros.

Los días previos al inicio de la migración, muchas aves presentan una alteración de su estado: se mueven de un lado a otro y se hacen más visibles de lo normal. Para numerosas especies de aves canoras de hábitos diurnos, el cambio es más extremo, pues se desplazan en horas de la noche y se detienen para alimentarse en el día, aumentando así sus ritmos de actividad por encima de los que llevan a cabo en sus momentos de residencia.

Izquierda: piquero de patas rojas, piquero patirrojo, bobo de patas rojas, bobo patirrojo, Red-footed Booby (Sula sula) y derecha: piquero enmascarado, bobo enmascarado, alcatraz enmascarado, Masked Booby (Sula dactylatra) Observadores de Fauna Marina. Foto: Erika Paola Ortiz Gómez, Lilie Duque y Alejandro Sandoval, Fundación Omacha.

Por su parte, las águilas, halcones y gavilanes migratorios, de hábitos generalmente solitarios, forman grandes bandadas poco antes de iniciar el viaje, y se mantienen en grupo hasta la llegada a su destino, cuando se vuelven a separar. Así mismo, algunas especies de gaviotas y gaviotines a pesar de volar sobre cuerpos de agua que garantizan el abastecimiento de comida, no se alimentan durante su travesía migratoria.

Estos vuelos migratorios exigen un enorme consumo de energía, por lo cual, las aves cambian sus ritmos de alimentación, almacenan grasa y, en algunos casos, modifican su organismo para hacer un uso eficiente de sus reservas energéticas. “Algunas adaptaciones resultan casi inverosímiles; por ejemplo, algunas aves que no se alimentan durante el viaje tienen la capacidad de reducir el tamaño de todo su sistema digestivo antes de migrar (Canevari et al., 2001).”

Desde los extremos de Norteamérica y Suramérica al trópico: rutas de migración

Sin duda alguna, las migraciones más conocidas, estudiadas y admiradas son las que realizan las aves atravesando países completos, e incluso continentes, estas se conocen como migraciones latitudinales que ocurren cada año y las llevan a cabo especies que se reproducen en zonas templadas de Norte y Suramérica, y viajan a áreas tropicales para pasar el invierno, permaneciendo allí varios meses, para luego emprender el viaje de regreso a sus áreas de anidación. Todas las rutas migratorias que se reconocen actualmente entran al continente suramericano por Colombia, ya sea por La Guajira, la costa Atlántica, el Darién chocoano, la costa Pacífica, o por la Orinoquia cuando llegan de su paso por Venezuela (Ocampo-Peñuela , 2010).

Las rutas de migración pueden variar entre los individuos, las especies, las poblaciones; así como las fechas y los años en que se realizan. Las aves gregarias, o que viven en grupos, tienen rutas de vuelo que utilizan con frecuencia, mientras que las más pequeñas y solitarias, usualmente vuelan por corredores más extensos y diversos, que aún no se conocen con certeza.

Para las especies de migración boreal, desde Norteamérica, se registran tres rutas principales, en las épocas de otoño y primavera:

  • La ruta del Atlántico: partiendo desde las costas de Nueva Inglaterra (Estados Unidos), las aves cruzan el Atlántico hacia las Antillas Menores e ingresan a Suramérica por las costas de las Guayanas y Venezuela. En este punto, toman diferentes direcciones y un gran número entra a Colombia, volando por el litoral Caribe. Generalmente son grupos numerosos de aves playeras y reinitas.
  • La ruta Interior: las aves inician su viaje desde el Ártico, atravesando las praderas norteamericanas y las Montañas Rocosas (Canevari et al., 2001), al llegar a las costas del golfo de México, sobrevuelan las islas mayores del Caribe e ingresan, a Colombia, por el área de las Sierra Nevada de Santa Marta para luego continuar su travesía hacia el sur del país.
  • La ruta del Pacífico: desde la costa oeste de Norteamérica, sobrevuelan la costa pacífica y utilizan varios corredores de Centroamérica para entrar a Suramérica por el norte del Chocó, desplazándose desde allí en diversas direcciones. “Este grupo está formado por aves playeras, una gran variedad de paseriformes que atraviesan las selvas del Darién y las águilas migratorias (Buteo platypterus), águilas pescadoras (Pandion haliaetus) y gualas comunes (Cathartes aura) (Resnatur et al., 2004).”
Águila pescadora (Pandion haliaetus) Observadores de Fauna Marina. Foto: María Victoria Rodríguez Maldonado, Fundación Omacha.

Frente a los desplazamientos de migración austral, realizados por aves que migran a Colombia desde el extremo sur de Suramérica, es poca la información que existe, sin embargo, ocurren entre mayo y agosto o septiembre y la mayoría de los registros obtenidos suceden por el oriente de la cordillera de los Andes y la Amazonia colombiana.

La travesía de las reinitas: las “pequeñas, pero enormes migrantes”

Las reinitas (Parulidae) es un grupo de aves pequeñas (entre 11 y 15 centímetros de altura, y de 6 a 20 gramos de peso), de hábitos diurnos que se asocian a bosques, manglares, sabanas, cuerpos de agua, áreas agrícolas e incluso, áreas suburbanas. En su dieta, incluyen principalmente insectos, larvas, frutos carnosos, granos y semillas, crustáceos, moluscos y gusanos acuáticos.

En el grupo de las aves migratorias, su tamaño no es una limitante a la hora de migrar. Estas pequeñas aves suelen volar en grupos numerosos, en horas de la noche, para ser menos vulnerables al ataque de depredadores y aprovechar las temperaturas frescas para minimizar la deshidratación, duplicando sus horas de actividad, pues durante el día se alimentan. Sus ciclos de vuelo pueden alcanzar hasta 2.500 km equivalentes a más o menos 3 días de vuelo sin parar (Ocampo-Peñuela , 2010).

1.) Reinita gorgiamarilla, chipe dominico, chipe gorjiamarillo o Yellow-throated Warbler (Dendroica dominica), 2.) y 3.) Reinita rayada o Blackpoll Warbler (Setophaga striata), 4.) y 5.) Reinita norteña, candelita norteña, raya roja o American Redstart: hembra y macho (Setophaga ruticilla), Observadores de Fauna Marina. Fotos: María Victoria Rodríguez Maldonado, Erika Paola Ortiz Gómez y Lilie Duque, Fundación Omacha.

La candelita norteña o reinita norteña (Setophaga ruticilla) es una de las representantes de este grupo de “pequeñas, pero enormes migrantes”. Su área de reproducción abarca el sureste de Alaska y el este de Canadá hasta el norte de Florida, en Norteamérica. En otoño, comienza su viaje migratorio utilizando principalmente la costa este norteamericana entre los Montes Apalaches y el océano Atlántico, hasta llegar al sur de México y Centroamérica, volando incluso hasta Colombia, Venezuela, el este de Ecuador, y noroeste de Brasil, las Antillas Holandesas y Trinidad y Tobago. El recorrido desde Alaska hasta Colombia puede ser de más de 8.800 kilómetros.

Las amenazas que enfrentan las aves migratorias

Sumado al hecho que los vuelos migratorios son prolongados y extenuantes, las aves migratorias enfrentan una serie de amenazas de origen humano, como la alteración y destrucción de los hábitats, la contaminación y la cacería, principalmente.

Las áreas vitales de alimentación y descanso para estas migrantes son altamente alteradas o destruidas para desarrollos portuarios, urbanos, turísticos o cultivos agrícolas entre otros. Playas, esteros, lagunas y humedales (hábitats usados por aves playeras, chorlitos, garzas y patos) son drásticamente reducidos, destruidos o utilizados como basureros o depósitos de compuestos tóxicos y residuos de procesos productivos. El gravísimo problema de la deforestación afecta a las aves rapaces, zorzales, reinitas, atrapamoscas y verderones, porque dependen de áreas boscosas como fuente de alimento y lugares de descanso.

La contaminación de cuerpos de agua y los suelos, por el uso no regulado de pesticidas y herbicidas perturba a aquellas especies que interactúan o habitan en zonas agrícolas o áreas aledañas. La práctica de la cacería conduce a la reducción de las poblaciones de aves, especialmente de patos, playeras, palomas y rapaces que constituyen en algunas áreas objetivos directos de los cazadores o se ven afectadas porque la cacería reduce las presas de las que se alimentan.

Bajo este escenario, es fundamental continuar con el trabajo de identificación y protección de áreas importantes para la conservación de las aves (áreas de tránsito, alimentación, descanso, reproducción, refugio ante eventos climáticos extremos como huracanes y tormentas tropicales, entre otras). Así como la construcción e implementación de estrategias de manejo y educación ambiental para el desarrollo de una conciencia humana por la conservación de las aves, el respeto por todas las formas de vida y los ecosistemas del único planeta que la humanidad tiene como hogar: la Tierra.

Referencias:

Canevari, P., G. Castro, M. Sallaberry y L. G. Naranjo. 2001. Guía de los Chorlos y Playeros de la Región Neotropical. American Bird Concervancy, WWF-US, Humedales para las Amé-ricas y Manomet Conservation Science, Asociación Calidris. Santiago de Cali, Colombia.

Naranjo, L. G., J. D. Amaya, D. Eusse-González y Y. Cifuentes-Sarmiento (Editores). 2012. Guía de las Especies Migratorias de la Biodiversidad en Colombia. Aves. Vol. 1. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible / WWF Colombia. Bogotá, D.C. Colombia. 708 p.

Ocampo-Peñuela, Natalia. El fenómeno de la migración en aves: una mirada desde la Orinoquia. 2010. Orinoquia 14(2):188-200

Resnatur, Asociación para el Estudio y la Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia – Calidris & WWF Colombia. 2004. Manual para el Monitoreo de Aves Migratorias. Convenio de cooperación entre la Asociación Red Colombiana de Reservas Naturales de la Sociedad Civil, Asociación para el Estudio y la Conservación de las Aves Acuáticas en Colombia – Calidris. Cali, Colombia.

Vides, M., D. Alonso, E. Castro y N. Bolaños (Ed.). 2016. Biodiversidad del mar de los siete colores. Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras – INVEMAR y Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina – CORALINA. Serie de Publicaciones Generales del INVEMAR No. 84, Santa Marta – Colombia. 228 p + tablas + inserto.