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Navegando con las ilusiones de un pueblo. El bote que cambió la vida

La Fundación Omacha, gracias al apoyo financiero de la Exc. Diputación de Castellon, en España, logró gestionar la adquisición de un bote con motor que fue donado a la comunidad de Puerto Nariño, y que viene navegando por las aguas que confluyen con el Amazonas colombiano.

Transcurria el ano 2007,cuando el Diputado de Capacitacion Agrícola, Ramon Tomas, de la Exc. Diputación de Castellon traspasó fronteras para conocer un nuevo mundo- quizá para él- lleno de verde vegetación, hermosos paisajes e inocencia cautiva de cada uno de los habitantes que allí conviven con la amazonia colombiana.

Tomás, quedó maravillado con las riquezas del lugar, pero también su asombro fue magno, cuando conoció algunas de las tantas necesidades que afronta este hermoso pueblo.

Crónica de un bote
©Fundación Omacha

Fue así como a partir de esa primera impresión, el político español que recorría el Amazonas, dio fé de los problemas de comunicación y movilización que afrontaba esta comunidad y de la importancia que traería para el desarrollo de la zona, su economía y su sociedad, un medio de transporte que permitiera mejorar la intercomunicación entre comunidades.

Claro ejemplo fue el denotado por la Asociación de Madres Comunitarias de sector, una agremiación que desde hace 20 años viene actuando en la zona y que por distancias con otras comunidades y otros hogares, no podían ofrecer una mejor cobertura a esta comunidad. Fue así como se decidió implementar un proyecto que permitiera la adquisición de un bote que mejorara la intercomunicación de la comunidad a través de las aguas del lago Tarapoto y de otros lagos de la zona.

En ese preciso instante, apareció en escena uno de los actores principales: la Fundación Omacha, entidad que vela por la estabilidad de la fauna y la flora, así como por la comunidad de diferentes sectores del país. Omacha gestionó ante el gobierno español un bote que permitiera romper esas cadenas de incomunicación fluvial que vivía la comunidad indígena de Puerto Nariño. Tras algunas conversaciones, en septiembre de 2007, meses después de la venida del diputado ibérico, llegaría el bote, de 7 metros, con motor 9 peque peque, el cual a partir de ese momento empezaría a navegar, llevando las ilusiones y el desarrollo de un pueblo humilde y trabajador.

La Fundación Omacha, también ha implementado diversas actividades que han contribuido a la educación de los niños del sector, apoyando incansablemente la labor de cada uno de estos hogares comunitarios: “Nos han dado orientaciones en la parte de medio ambiente, y nos han invitado a eventos. Por ejemplo, a eventos con títeres para enseñarle a los niños sobre la naturaleza, comparsas, y al cumpleaños de Airuwe (un manatí que fue criado en cautiverio y luego fue liberado)”, comenta Rubiel Acevedo Coello, fundador y director de un hogar comunitario.

Las madres capitanas

Crónica de un bote
©Fundación Omacha

Son varias las personas que se han visto beneficiadas con la llegada del bote a Puerto Nariño; pero quizá son las madres comunitarias las que han aprovechado al máximo esta nueva herramienta de transporte, con el cual han podido mejorar la comunicación y el servicio entre los hogares comunitarios, lo cuales en total alcanzan la suma de 10, cada uno de ellos con un cupo de 12 niños en edades entre 2 y 5 años. Luz Indira Cayetano, quien desde hace 15 años es madre comunitaria afirma: “Nos ha servido mucho, casi la mayoría ha traído su leña, sus productos, y ha podido participar en capacitaciones e integraciones. Todos cuidamos del bote porque el beneficio es para todos”.

El primer viaje

Según Acevedo Coello, la llegada del bote además de generar oportunidades para la apertura de nuevos hogares comunitarios que ofrecen empleo y educación para las madres y los niños de Puerto Nariño, también ha traído más progreso para la región: “Desde que llegó el bote y el motor, las madres y los entes educativos pueden hacer integración y actividades en otras comunidades, además hemos mejorado las áreas pedagógicas con juegos y recreación para los niños, brindando más apoyo a las familias de Puerto Nariño”, comenta Acevedo.

Crónica de un bote
©Fundación Omacha

Con la llegada del bote, la comunidad ha podido subsanar algunas falencias que se prestaban en la cotidianidad de Puerto Nariño; hoy por ejemplo la integración entre comunidades es mayor, lo que ha generado nuevos espacios ecológicos, educativos y hasta deportivos, tales como: encuentros interclubes con las comunidades para el rescate y el fortalecimiento de los juegos tradicionales como el arco, la flecha, la cerbatana, el trompo, el fútbol tradicional (balón con chiringa), procesos apoyados por funcionarios del ICBF y realizados en sectores como Puerto Esperanza y San Francisco.

Crónica de un bote
©Fundación Omacha

La comunidad de Puerto Nariño realiza constante mantenimiento al bote, quizá uno de los tesoros más preciados para sus habitantes y madres comunitarias: nosotros alquilamos el bote y cobramos $25.000 pesos; esos fondos los maneja la Asociación de Hogares Comunitarios y los reinvierte en gasolina para el bote y para pagar el espacio en el que se guarda todas las noches”, añade Eddie Ferreira, presidente Asociación de Padres de Familia

Ellos saben que la donación del bote fue un gran logro, pero son concientes de que aun faltan algunas cosas para que el servicio que presentan los hogares sea óptimo, como chalecos y salvavidas.

Son varios los proyectos que ésta comunidad tiene para con el bote, teniendo incluso preparado un itinerario para la embarcación: iremos a Caballo Cocha, en el Perú, para realizar un encuentro con los Hogares Comunitarios de Perú y Leticia. Esperamos hacer un intercambio de conocimientos pedagógicos, entre otras actividades”. Y es que la vida de estas comunidades transcurre en eso, navegar por las hermosas aguas del Amazonas, en un bote grande, de 7 metros y de motor 9 peque peque, conociendo otros mundos y otras experiencias.

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PROYECTO PIJIWI ORINOKO
Reserva Natural Bojonawi

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